“Coloso de Peroba”, la historia de un Estadio Polideportivo Municipal (Final)

16/11/2021 21:00

REMINISCENCIAS: Una vez que se contó con los fondos necesarios, se contrató a una empresa metalúrgica de la ciudad brasileña de Presidente Prudente para que sea la encargada del techado del estadio “Coloso de Peroba”, que al fin de cuentas terminó siendo la construcción de un nuevo estadio, al menos en lo que al sector deportivo se refiere, ya que el área de vestuarios, administración, boleterías



Antes que la empresa metalúrgica llegue para realizar los trabajos, el “Coloso de Peroba” se redujo prácticamente nada, fueron retiradas por completo las graderías y la pista de juego, quedando el espacio que ocupaba totalmente vació. Después de 13 fructíferos años, el estadio que en su momento causó sensación por lo imponente que resultaba ver las cosas lindas que se podían hacer con la madera y por haber sido escenario de inolvidables jornadas deportivas, culturales y sociales, como ya lo manifestamos anteriormente, ya no existía, pero aún así, seguía siendo mencionado como el “Coloso de Peroba”.

Se iniciaron primeramente los trabajos para el techado, comenzando por la estructura consistente en columnas de doble hierro perfilado colocados uno frente a otro conectados entre si por varillas del mismo material, de tal forma que en su base y hasta una determinada altura, se pueda reforzar con hormigón, y de igual manera, la estructura del techo en arcos que cuyas bases iban de uno a otro pilar, construidos con una técnica tan avanzada para la época, que a diferencia de otros estadios existentes en el país, no contaba con tensores, por ende, se ganaba un espacio grande desde la pista hasta el techo.

Un hecho anecdótico

Este trabajo de gran envergadura lo realizaron al menos 40 trabajadores, todos de nacionalidad brasileña, y como al costado del estadio, sector norte, se encontraba, y aún se encuentra, un monolito en homenaje a la Paz de Chaco, en algunas ocasiones era utilizado como “estaca” para sujetar las cuerdas que se utilizaban para levantar los arcos o fijar las columnas de la estructura.

Esto no le gustaba para nada a don Coronte Álvarez, ilustre ciudadano, excombatiente, que vivía enfrente y que cada vez que veía lo que hacían los trabajados, cruzaba la calle y los regañaba. Fue así, que como otra de las tantas veces, estaban de nuevo las cuerdas atadas al monolito, cuando uno de los trabajadores se percata de que don Coronte iba dirigiéndose hacia ellos, y desesperado grita; “rápido, tira as cordas do manolito, la vei de novo seu Concorde”. y bueno, no era el avión precisamente pero si alguien que los tenía muy bien controlados y mezquinaba el “manolito”..

Apenas se colocaron los pilares, bajo la batuta de don Silvio Rodas y un formidable equipo de carpinteros, se rescató el 20% de la Peroba que formaba parte de las viejas graderías, y con nuevas maderas de otras especies, en su mayoría Ybyrá Pytã, se iniciaron los trabajos de construcción de las nuevas graderías, esta vez, siguiendo la línea del trazado del techo, es decir, recta en los laterales y ovalada en la puntas. Se dijo aquella vez que la capacidad era para 3.000 personas sentadas, sin embargo, en el partido final ante Caaguazú, un partido para no recordar, pagaron sus estradas un poco más de 6.500 personas, lo cual significa que al menos 4.000 estuvieron sentadas y 2.500 ocuparon de pié los amplios espacios que habían desde el primer peldaño de las graderías hasta el cerco que marcaba el límite de la pista de juego, esta vez construida con piso parquet, o assoalho, lo mismo que el parquet pero más ancho y largo.

Así se construyó el 2º Estadio Municipal que continuó siendo conocido a nivel nacional como el “Coloso de Peroba”, aunque nunca haya llevado oficialmente tal denominación y ninguna otra. Hoy día, 45 años después de aquel lejano mes de febrero de 1976, fecha en que el “Coloso de Peroba” pasó a formar parte del paisaje de la ciudad junto a la laguna Punta Porã, el emblemático estadio se ha vestido de gala con un ropaje primer mundista, moderno e imponente desde donde se lo mire.

De aquel primer estadio ya no queda ni un solo pedazo de Peroba, pero aún así, al margen de la denominación que le puedan dar, en la memoria de todos los que alguna vez participaron en el, ya sea como protagonistas, espectadores y periodistas, quedará grabada por siempre la frase “Coloso de Peroba”, Coloso en su nombre, Coloso en su estructura y Coloso en lo que representó para todo un pueblo.

“Radio Imperio 103.1 FM"