Imágenes recientes dejan al descubierto el grave deterioro del lago, pese a reiteradas promesas e intentos de revitalización. Residuos cloacales provenientes de Areguá, Ypacaraí, Capiatá, Itauguá y parte de San Bernardino terminan desembocando en este emblemático espacio hídrico. El Lago “azul” de Ypacaraí es uno de los símbolos naturales más importantes del Paraguay. Inspiró guaranias […]

Imágenes recientes dejan al descubierto el grave deterioro del lago, pese a reiteradas promesas e intentos de revitalización. Residuos cloacales provenientes de Areguá, Ypacaraí, Capiatá, Itauguá y parte de San Bernardino terminan desembocando en este emblemático espacio hídrico.
El Lago “azul” de Ypacaraí es uno de los símbolos naturales más importantes del Paraguay. Inspiró guaranias y, hasta la década de 1980, fue uno de los espacios más concurridos por bañistas de distintas partes del mundo, atraídos por sus paisajes y aguas cristalinas. Hoy, la realidad es completamente distinta: el lago no está apto para el baño.
Un equipo periodístico de Ñanduti realizó en los últimos días un recorrido por la zona de Areguá para constatar y mostrar el estado actual del lago, ante los reclamos de visitantes que, en algunos casos y pese a la prohibición del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades), deciden ingresar al agua para mitigar el intenso calor.
“Un depósito de cloacas” y un olor nauseabundo son hoy su carta de presentación. De acuerdo con datos del Mades y del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), a los que se tuvo acceso, un total de 25 distritos sin plantas de tratamiento de aguas residuales descargan en recursos hídricos que finalmente desembocan en el Lago Ypacaraí. Sin embargo, son cinco los que vierten de manera directa: Ypacaraí, Areguá, Itauguá, Capiatá y San Bernardino.
Pasan los gobiernos y las promesas de recuperación del lago se repiten. En la actual administración, el MOPC prevé destinar US$ 154 millones para la recuperación del Lago Ypacaraí, a través de un proyecto integral de saneamiento de la cuenca que incluye la construcción de nuevas redes de alcantarillado, estaciones de bombeo, mejoras en plantas de tratamiento y reforestación. El plan se encuentra a la espera de estudio en el Congreso.
“Los US$ 154 millones fueron planificados para atacar el fondo del problema, que es el origen de la contaminación: las aguas residuales domésticas, es decir, las cloacas generadas por cada una de las ciudades que integran la cuenca del lago. A medida que avancemos, también vamos a dejar de contaminar. El lugar más limpio es el que no se ensucia, no el que más se limpia”, explicó Claudia Crosa, titular de la Dirección de Agua Potable y Saneamiento (Dapsan).
La representante del MOPC aclaró además que la recuperación total del Lago Ypacaraí requerirá una inversión aproximada de US$ 450 millones.
“Ya casi no hay peces”
Conversamos con Alberto Giménez, pescador desde hace más de 50 años en la zona, quien diariamente busca su sustento en el lago a bordo de su bote, Unión Paraguay.
“Ya casi no hay pescado. No se tira más nada y lo poco que hay apenas alcanza para mi consumo. Antes se pescaba de todo: karimbata, pacú, armado amarillo, pero ahora ya casi no hay peces”, relató con desilusión, aunque con una leve sonrisa al recordar el pasado mientras observa el imponente lago.
También compartió algunas anécdotas vividas a lo largo de los años en las aguas del Ypacaraí, con la esperanza de que “se recupere antes de morir”, un deseo que hoy parece cada vez más difícil de concretar debido al crítico estado en el que se encuentra.