La docente Perpetua Fernández, relató la dura realidad que atraviesan en el día a día, sin contar siquiera con el acceso al agua potable. “No tenemos tajamar ni pozo”, lamentó Fernández, mientras pidió ayuda a las autoridades estatales.

Según Fernández, todo inició con un conflicto interno dentro de la comunidad denominada Cacique Sapo, que derivó en la separación de un grupo y la falta de reconocimiento de esta nueva aldea.
“Tenemos muchos niños que están en edad escolar. En la escuelita son 32 y para el tercer ciclo deben ir a un lugar que está a 5 kilómetros”, contó la profesora.
Finalmente, clamó por respuestas a las instituciones del Estado y rogó por el reconocimiento de la aldea, con el fin de gestionar el acceso al agua potable y otras necesidades básicas.